Carcoma

Era insensato estar sin labios, ni ojos, ni lumbre en las manos, ni nadie; sólo el mirar de una leve sonrisa, como dos tenues rostros a la luz de una llama obsolescente. Así descubrí la carcoma, enérgica y hambrienta, que comenzaba a roer los desgastados muebles de aquel sótano olvidado.

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Inere Azur

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